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El período invernal se ha caracterizado por precipitaciones conspicuas que han restablecido las reservas hídricas de los terrenos.
Pero sobre todos las abundantes nevadas han sido muy útiles en este sentido y han determinado una recuperación vegetativa retardada en unos diez días respecto de la media de muchos años.
Después de un brote óptimo, gracias a las altas temperaturas del mes de mayo, el retardo ha resultado compensado a tal punto que la floración y la fructificación se han verificado con un adelanto de unos 10 días respecto de los períodos normales, adelanto que siguió verificándose hasta la vendimia.
El verano tuvo un inicio singular (lluvias alternadas con tiempo soleado), que abrió paso a un agosto muy caliente, un poco menos que en 2003 (el más caluroso de las últimas décadas), seguido por un mes de septiembre igualmente seco y caluroso.
Es así que en las bodegas entraron uvas muy sanas con un grado de maduración realmente excepcional, sobre todo en cuanto al contenido de azúcares.
Esperamos vinos fuertes y potentes, a los que esperamos agregar un gran equilibrio.
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